Puerto Deseado: La música de la ría

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Revista Huéspedes publica sobre este “Paraíso Terrenal”

La fauna marítima es la mayor expresión de vida de esta localidad patagónica costera.

Sin embargo, volverse expedicionario en los cañadones de la ría Deseado, en kayak o de a pie, también es una gran aventura, para todo el año

Charles Darwin, en 1834, fue el expedicionario bendecido por el descubrimiento de la Ría Deseado, un curioso accidente geográfico con lecho de río seco, que el mar se entrometió a ocupar siguiendo la lógica de las mareas diarias que entran y salen sin permiso. Tal belleza lo deslumbró en lo que hoy es la ciudad de Puerto Deseado.

La geografía de esta ría serpenteante de hasta 30 metros de profundidad, en tonos esmeraldas, con cañadones como murallas a cada lado, tiene una zona accesible mediante vehículos llamada Los Miradores de Darwin y desde allí, se puede observar el recorrido del agua, el tallado de la tierra y de sus orillas, repletas de aves.

Pero también hay otras formas de explorar estas aguas frías de 42 km de cauce, riquísimas en fauna, sin perturbar este profuso hábitat. Se pueden surcar en kayaks, o hacer canotaje o encarar un trekking por las orillas. También diversas excursiones en semirígidos parten entre octubre y abril para acercarse a las islas, acantilados y murallones de roca donde viven desde cormoranes a lobos marinos, de pingüinos de Magallanes en inmensas colonias a garzas brujas, ostreros, patos vapor y gaviotines.

Es probable que caminar por las islas de la ría implique numerosas oportunidades de encuentros cercanos con los pingüinos de frac, que con sus 50 cm de estatura promedio custodian con celo sus huevos o sus pichones, de plumones suaves y despeinados por el viento, en algunos casos, hasta más grandes que sus progenitores.

El acercamiento siempre debe ser respetuoso, para tomar la foto y observar sin demasiado bullicio. Ellos, los “Magallánicos”, devolverán la mirada y dejarán observar su grandeza en miniatura.

En esta Reserva Provincial hay siete colonias, lo que contabiliza más de 25.000 parejas reproductivas que llegan la primera quincena de septiembre, primero los machos, luego las hembras y por último, las colonias jóvenes y los adultos no reproductivos.

La isla de los penachos

A 11 millas náuticas (traducidas en unos 40 minutos de navegación desde Puerto Deseado), hay otra reserva provincial única. Se trata de la Isla Pingüino, el único lugar tan cercano al continente donde nidifica el pingüino de Penacho Amarillo, con un look casi rockero y una personalidad más fuerte que los de Magallanes.

Excelentes buceadores, viven en los cañadones de roca volcánica de la isla. No hay necesidad de zoom para verlos convivir, pelearse, comer. Sus nidos son huecos en el suelo o las rocas, cubiertos de pastos y guano. Llegan a principios de octubre y son sumamente fieles al nido y la pareja.

Caminar por la isla es todo un placer. Sentir el viento patagónico soplando en la cara, avistar una enorme colonia de lobos marinos sobre el lado occidental, encontrarse con más pingüinos de Magallanes y conocer la historia del faro de 1903, con sus sucesivos cambios de sistema lumínico (primero, a kerosén, después a gas acetileno y finalmente, el actual, de electrificación con paneles fotovoltaicos) es una experiencia imperdible.

Fuente:  Revista Huéspedes

 

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