Garantismo vs Feminismo

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Por Carolina Jacky


No es lo mismo el garantismo que ser garantista, como no es lo mismo el feminismo que ser feminista. Hace muchos años atrás un Profesor de la Universidad de Cuyo, que algunos recordarán o habrán escuchado hablar sobre él, Profesor Carlos Becker recordado por su obra La economía mundial en las tinieblas, me dijo: Estoy cansado de los ismos, del comunismo, del capitalismo, del liberalismo, del socialismo… de todos los fundamentalismos.
Fue allá en la década del 80´ que escuche esas palabras y nunca pude olvidarlas.

Los ismos son los que nos llevan a la división, al enfrentamiento e impide lograr acuerdos y soluciones a las problemáticas que esos ismos se dicen defender. Justamente quienes se enrolan en esas posiciones fundamentalistas hacen que las sociedades se desplacen de un extremo a otro, cuestión que los argentinos estamos acostumbrados a padecer.

Así es como vimos que empezamos a hablar de los derechos humanos, especialmente en cuestiones de derecho penal, amparados en Tratados Internacionales y fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, para mencionar uno de los Tribunales Internacionales. El brindar derechos y garantías al imputado o procesado y hasta al propio condenado, más allá del delito por el cual se trate, merece todo el respeto. 

El derecho a tener un juicio justo, a poder defenderse y tener defensor, a que se preserve su integridad y salud, y que se establezcan reglas para su detención adecuada y para que las sanciones cumplan el fin que nuestra Constitución, son derechos que le asisten y debemos respetar. Todo esto es el deber ser, es como el Estado, la sociedad organizada, debe responder frente a quien está investigado o es condenado por la violación de un derecho tipificado en el derecho penal.

La pregunta es si para esto vale todo, porque hay una sensación en la sociedad que se ha exagerado en la aplicación de estas garantías. Solo basta preguntar ¿qué haría usted con alguien que delinque? para darnos cuenta como el garantismo logró desprestigiar aquello que nació como una esperanza para reconocernos más humanos y menos animales. El fundamentalismo que rodeo esta línea de pensamiento ha ocupado importantes espacios en la Justicia y en profesionales del derecho, para quienes todo aquello que pueda afectar, a su entender, estas garantías, y según su fundamentalismo, es su enemigo a combatir.

Hasta el momento parecía que nada los iba a detener en esta defensa férrea del garantismo, el que para algunos llegó a ser abolicionismo. Desde la otra vereda se los llegó a acusar de pretender abolir el Derecho Penal.

Los Tratados Internacionales parecían darles una cobertura tal que llegaron a lograr que las víctimas se sintieran desprotegidas, salvo aquellas producto de delitos de lesa humanidad, para lo cual en esos casos también, esas víctimas eran cubiertas por el garantismo.  Cuando me refiero a garantismo, lo hago porque se llegó a no atender casos de supresión de identidad anteriores a la dictadura militar, esta es la diferencia entre garantista y garantismo. Para unos sí y para otros no.

Las garantías y derechos se encuentran en nuestra Constitución Nacional y en los Tratados Internacionales suscriptos por nuestro país. Todos deben tener un justo juicio, todos deben contar con su defensa, a todos se les aplican las normas del debido proceso, y así podríamos seguir enumerando, pero también debemos tener en claro que ninguna norma dice que debemos desatender a las víctimas, la que sin dudas es la que llevó la peor parte en el hecho delictivo. Fue tal el desmadre de esta corriente garantista, que en manos de fundamentalistas lograron que poco a poco la sociedad responda a estos fundamentalistas, y que se produzca una brecha que víctimas y familiares no quieran escuchar la palabra derechos humanos, lo que también es grave, pero comprensible.  No obstante esta crítica y oposición de la sociedad nada aparecía en el horizonte que pudiera empañar el avance de estos fundamentalistas, hasta que apareció un nuevo derecho humano, el derecho de las mujeres a tener una vida sin violencia.

A través de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing (1995), 189 Estados miembros de las Naciones Unidas se comprometieron a tomar medidas en estas áreas. La Declaración contiene un fuerte compromiso para defender la igualdad de derechos de la mujer y poner fin a la discriminación.  La Plataforma de Acción incluye los derechos humanos de la mujer como una de las 12 esferas de especial preocupación. Indica medidas para lograr una aplicación plena de todos los instrumentos de derechos humanos, especialmente la Convención CEDAW, cuyo Protocolo Facultativo fue aprobado recién en el año 2000 de modo de garantizar la igualdad y la no discriminación en las leyes y en la práctica, y para mejorar los conocimientos básicos de derecho.

Después llegó Belem do Pará, Convención que avanzó en la protección de este derecho humano, constituyendo uno de los instrumentos regionales de mayor impacto en la perspectiva de género que poco a poco se va instalando en nuestros tribunales. En la actualidad se comprenden y defienden mejor los derechos humanos de las mujeres y las niñas, pero todavía es necesario que estos se vuelvan una realidad para todas las mujeres y todas las niñas. Sin discriminación. Sin violaciones.  Las Naciones Unidas declararon al derecho de la mujer a vivir una vida sin violencia como un derecho humano. Lentamente pero a paso firme este derecho humano de las mujeres se fue instalando en nuestra sociedad, y el primer obstáculo que encontró dentro del Poder Judicial y de los operadores jurídicos fue el garantismo.

El garantismo ha visto como una amenaza el avance de este derecho de las mujeres, niños, niñas y adolescentes, y al enfrentar a quienes operan a favor de estos derechos, muchos feministas, los llevan al feminismo, que con la misma pasión que los garantistas en su momento, producen un efecto no deseado, la división. Otra vez los ismos, ese actuar que nubla el conocimiento y la acción de los seres humanos y nos distancian. Este nuevo paradigma, esta necesidad de una visión de género, importa un cambio cultural, no solo jurídico, y esto es muy difícil de digerir para muchos y muchas. La mirada misógina, patriarcal, machista existe en hombres y mujeres, no olvidemos quienes en la mayoría de los casos hicieron mucho por nuestra educación, nuestras madres.

Así es como se requiere de un entrenamiento y capacitación especial para lograr obtener esa visión, las gafas violetas, y producir los cambios que requiere nuestro sistema jurídico y toda la sociedad.

Hoy frente al derecho humano de la garantía del debido proceso que debe tener toda persona acusada de la comisión de un delito, se encuentra otro derecho humano, el de la víctima de ese delito cuando sea una mujer, niño, niña o adolescente y le comprenda la protección por violencia de género.

Ante un abuso sexual o una violación, irrita como el acusado en forma inmediata consta con asistencia del defensor oficial y hasta de asistencia médica durante la detención, la que no se le provee a la víctima. Este desequilibrio es insultante.

Luego durante el proceso, so pretexto de no lesionar su derecho de defensa, a nadie le importa hacer que la víctima deba pasar una y otra vez por el relato de los hechos, revictimizándola, violando normas internacionales en la materia, en pos de esa posición garantista ya convertida en garantismo.

Esta semana he tenido que presenciar como una menor de 13 años abusada por su padre tuvo que reeditar su paso por la cámara Gesell para garantizar el derecho de su padre a un debido proceso.  Más allá de la oposición del Fiscal y de esta parte la Cámara del Crimen, invocando tratados internacionales en favor del procesado, se olvidó de los tratados que protegen a la víctima, como el de Belem do Pará, revictimizando a dos menores, la abusada sexualmente con acceso carnal y su hermanita menor, que presenció estos hechos, y a la madre de ambas que solo pide terminar pronto con este calvario. La respuesta dada por los ministros de esa Cámara del Crimen fue una respuesta propia del garantismo, y no una que garantice los derechos humanos, ya que si fuese así al resolver sobre la oposición a reeditar la Cámara Gesell hubiera ponderado los derechos humanos de esas menores. Este actuar de los seudos garantistas solo está provocando que por el otro lado se alce el feminismo, como reacción frente a tal agravio, ya que quien tiene una posición feminista debe contenerse frente a este tipo de hechos, y sin dudas que hay que tener mucho control para no responder, incorrectamente, a tal provocación.

Hoy hay una serie de circunstancias que hace que el sector garantista de la justicia y de los operadores jurídicos enrolados en esta corriente se sientan amenazados en las posiciones conquistadas hasta el momento. Hoy ven amenazados sus espacios, ya sea en los cargos dentro del Poder Judicial, como sus partidas presupuestarias para seguir desplegando su actuar y por tanto están buscando reposicionarse en otros espacios.  Los operadores jurídicos ya reaccionaron para fines del año pasado cuando presentaron el famoso habeas corpus que hizo pasar un mal rato al actual gobernador, y todo en pos del garantismo, y como todo fundamentalismo, con la mirada sesgada que ello conlleva. En esa oportunidad se levantaron voces que le recordaban a quienes apoyaron ese habeas corpus, que un tratamiento especial debían tener aquellos acusados por violencia de género. Como nunca los que apoyan las ideas garantistas sintieron que las ideas feministas tenían fuerza y que día a día están ganando más espacio.

Cuando prima el fundamentalismo hay que esperar cualquier jugada desde ese sector para coartar el avance de un derecho humano que afecte sus intereses. Ya cuando existe el ismo los intereses en estos casos no pasan solo por la defensa de un derecho, todo vale, y es cuando lo económico también empieza a pesar, desnaturalizando una defensa honesta de un derecho.

La perspectiva de género y la transversalidad que demandan las Convenciones Internacionales y la Ley 26.485 de violencia de género le es difícil de digerir y hasta les cuesta comprenderla, y menos practicarla. Las gafas violetas se obtienen o no se obtienen, y para ello debe haber convicción. Difícil para aquél que en pos de una defensa penal no le importa revictimizar a una menor violada para que relate una y otra vez los hechos, como vamos a pretender que estos operadores asuman la defensa de los derechos de las mujeres, niñas, niños y adolescentes, …. parece difícil. Frente a esta situación creo que no deberíamos llegar a que se enfrenten los ismos, no es bueno, pero la historia nos enseña que difícilmente prime la razón, así somos.

Es de esperar que aquellos que consiguieron posiciones de poder dentro del pensamiento garantista se sumen a los fundamentalistas del garantismo y en una alianza estratégica intenten reposicionarse. Para esto es de esperar que busquen anular, contener o directamente tomar por asalto las posiciones que deberían ocupar hoy, aquellos que pregonan esta nueva perspectiva de género.

Hoy se encuentran en la necesidad de reposicionarse dentro del Poder Judicial, muy posiblemente se trasladen a otras áreas. 

Hay un presupuesto dedicado a derechos humanos en el Poder Judicial que desde el Poder Ejecutivo, como en algunos estamentos del Poder Legislativo no ven con buenos ojos, más cuando estos fondos dan estructura a un sector de la Corte que en los últimos tiempos enfrentó al poder político.

Habrá que esperar que proyecto surja para reubicar a esta tropa, seguramente so pretexto de atender alguna necesidad de la sociedad. Esto no se puede demorar y seguramente pronto se tendrán novedades. Esta división ya se percibe en el Poder Judicial y también dentro de quienes ejercen el derecho, y nadie quiere perder lo que hoy de alguna manera ha conseguido. Parece que tampoco hay muchos dispuestos a agiornarse a este nuevo derecho contra la violencia de género, pero que pueden usar, como el lobo, una piel de cordero para sobrevivir. Esto se observa en los fallos judiciales. La magistratura se debate entre estas posiciones, algunos sin considerarse feministas, sino en pos de un equilibrio entre hombres y mujeres, que es como debería ser, pero sin dudas enfrentando a ese garantismo.

Hay que prestar atención cómo se desarrolla esta puja de poder, lamentablemente las víctimas son las prisioneras de estos intereses, y el futuro de ellas está en la medida de que los que toman decisiones, decidan lo adecuado.

La lucha por ‪#‎NiUnaMenos hoy se enfrenta a un gran desafío, para lo cual todas y todos debemos estar atentos.

Fuente: Mdzol

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