Hoy cumpliría 68 años Andrés Armendáriz Leache (Videos, audios y entrevistas en su memoria)

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Andres-Armendariz

Una manera de mantener vigente la memoria, evocamos la figura de Andrés, en voces, imágenes y textos construidos por sus propios amigos y familiares.

¡Feliz Cumpleaños!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Entrevista efectuada luego de la actividad propuesta por el Colectivo de la Memoria en el Barrio de Pompeya. Incorporaron una baldosa en el lugar en donde arrojaron el cuerpo sin vida de Andrés Armendáriz Leache.)

Entrevista a Estela Calvo, amiga de Andrés e integrante del “Colectivo por la Memoria”

 

 

“A 39 años de un crimen que sigue impune”

Esa mañana de marzo del ’77 amaneció fresco. Era viernes. Un círculo en el almanaque marcaba día 26. Hacía poco más de una semana la pareja había almorzado con María Ángeles. En el restaurante ‘Pippo’. Estaban cerca de la plaza Lavalle, allí fueron a pasear a la vera de la magnolia, y así continuar la charla. Había mucho para hablar. Andrés y Graciela habían regresado de Puerto Deseado, ya hacia un tiempo. No se habían visto aún. La ocasión para el encuentro era el cumpleaños de Graciela. En medio de la situación, aún así, Andrés, organizó la pequeña celebración para su compañera. Preocupado, le comentó a su hermana: ”hay como 10.000 desaparecidos”. Los compañeros “iban cayendo como moscas”; y mientras confesaba esto, un rictus amargo se dibujaba en el rostro de Andrés. Fue el último encuentro. La vez que su hermana contempló ese rostro querido, en la incertidumbre de no saber que le depararía el destino. Las cartas estaban echadas. Quiso guardar esa imagen, congelarla para siempre. Exprime su memoria, y recuerda, que con todo, no había perdido la sonrisa y mordacidad acostumbradas. La que había heredado de papá Ángel.

Luego un silencio que lastima. Pesado y gris. Y nunca más. No hacía un año, que en junio de 1976, la pareja, se había mudado al complejo de Lugano I y II,  para preservarse de las bandas fascistas secuestrando militantes populares.

Ese día Andrés tenía un encuentro muy importante, una promoción, la que había aguardado, para seguir luchando, no le rehuía a las responsabilidades, sabía a lo que se exponía, y cuando le alertaban que debía guardarse, él siempre respondía: “ si yo abandono que queda para los otros”. Y siguió adelante. Se levantaron temprano, tomaron el ómnibus. Se bajaron en Boedo, ya se había hecho mediodía, quedaba un poco de tiempo. Entonces se sentaron en un café a tomar un cortado. Una ceremonia que repetían cada vez que él acometía una tarea.

Se cumplía por esos días un año del golpe cívico militar. Una serie de acciones hilvanadas a lo largo de esa semana pretendían hostigar al régimen militar. Mientras cavilaba se decía a sí mismo, “aquí estamos, no han podido con nosotros”. Antes de despedirse, caminaron unas cuadras, Andrés mirando hacia una esquina le dice a su compañera, ese que está ahí es un compañero. Se dieron un beso y siguieron. Cuando decidieron juntarse, ambos se confesaron que eran el amor de sus vidas. Un mesón español albergó el encuentro que consagró su unión. Rodeándolos un pequeño círculo de amigos y familiares.

El golpe había recluido a todos en las casas, y se había encargado de desalentar cualquier reunión numerosa. Andrés era un ferviente creyente católico. Un sacerdote amigo bendijo el intercambio de anillos. No había condiciones para otra cosa. La pareja compartía la militancia en distintas instancias, frentes. El salía todos los días, a pesar de los peligros que acechaban. Nada le haría bajar los brazos. El día que el abismo se lo tragó, no era uno más, estaba nervioso, la cita le generaba inquietud. Se abrazaron. Repasaron los recaudos a tomar. Si a las 20hs, Andrés no había regresado, Graciela debía abandonar el departamento donde vivían, y dirigirse a un domicilio amigo que habían convenido.

Graciela volvió a su casa, paso el día haciendo tareas hogareñas y aguardando la vuelta de Andrés. Para esperarlo hizo unas empanadas. Distraída estuvo hablando con una pareja vecina que tenía un bebe de ocho meses. Y quedó pensativa, porque ellos habían decidido, por el momento, no tener un hijo para no someterlo a los vaivenes y peligros de la militancia. De pronto mira el reloj. Eran las 22 horas. Se asustó. Y no dudó, tomó unas cosas, documentos, y se alejó del domicilio. Con las horas aumento la angustia. ¿Qué hacer? Pensó en su hermano menor, Marcelo, un compinche de correrías. El ladero de todo cuanto emprendiera. El que la había alertado de los corrillos en el Edificio Libertad, donde trabajaba, que hablaban de que Andrés y Graciela, estaban en la mira de los represores. Acudió al Viejo Almacén, donde sabia lo encontraría. Allí estaba. Toda la noche moviendo resortes para la búsqueda.

El 11 de mayo del mismo año, Marcelo Bonet fue absorbido por un grupo de tareas, y hasta el día de hoy, a 39 años, no hay noticias, nada se sabe.

Llama a Mariángeles, le comenta la novedad, y marchan juntas al departamento de Lugano. Los nervios las devoran. Al llegar suben por el ascensor. El departamento estaba en el 8vo piso. Bajan en el séptimo. Y le pide a su cuñada que la aguarde. Llega y la puerta está abierta, el desorden es monumental. Algo le oprimió el corazón. Un dolor sordo. Tuvo tiempo de observar que las empanadas no estaban. Cuanta perversión. Hasta eso. Salieron corriendo ambas mujeres. Se separaron con promesa de llamarse según novedades. Pasaron once días hasta que por medio del abogado del consulado español, Mariángeles accedió a la morgue judicial. Hasta entonces era un NN.

El cuerpo de Andrés fue hallado por una patrulla de la comisaria 34, que labró las primeras actuaciones. En la calle Trole entre los números 258 y 262. El día 25 de marzo había sido secuestrado Rodolfo Walsh quien el día anterior publica la Carta a la Junta Militar denunciando las atrocidades. Cuarenta y ocho horas. Las últimas. Sombras que se mueven con sigilo, al amparo de la noche. ¿De dónde vino la orden? ¿Quién o quiénes? Las especulaciones que después vinieron hablan de una banda desprendimiento de Automotores Orletti que recaló en Chiclana y Pomar. “En la singularidad de su asesinato, están las marcas, y modalidad de este grupo de tareas, acostumbrado a quemar, con lazos en Coordinación Federal, los mismos que tiempo atrás se habían agenciado con el documento de identidad de Andrés. Dejándolo a merced de cualquier control callejero.” Llovía torrencialmente sobre Buenos Aires, y la información dice que eran las 5:15hs del 27 de marzo.

“Venimos desnudos y nos vamos desnudos. Así estaba Andrés. Tenía marcas de ligaduras, con las que lo maniataron .Ferozmente torturado, esos tributarios de la Inquisición, habían intentado quemarlo. Las formas rompían el modus operandi de la Marina y el Ejército. ¿Hubo un mensaje para alguien, en esa exposición pública? ¿A quién o a quienes? Algo que queda por desentrañar. Mientras tanto, debemos pensar que quizás sus gritos atravesaron la galaxia. Y quien quiera oír que oiga. Bendita lluvia. El cielo, no hizo oídos sordos, acusó recibo. Y lloró su muerte, señalando a sus asesinos”. 

(Por Oscar Armando Bidavehere)

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