El placer de dar (por Bernardo Stamateas)

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bernardo-stamateasCada domingo, en este sitio, vamos a compartir reflexiones de este reconocida y apreciada persona de nuestro tiempo.

Desde Amanecer Deseado Noticias, agradecemos a su producción por permitirnos  publicar semanalmente  una selección de pensamientos de Bernardo, quien es Licenciado en Psicología, Sexólogo Clínico, Escritor Best Seller y Conferencista Internacional.  

¿Sos una persona que da? ¿O te sentís más cómodo recibiendo? Sabé que el que da es más grande que el que recibe porque el primero es el que tiene.

¿De qué manera debería ser nuestro dar? Te invito a pensar cuatro ideas al respecto:

1.       Cuando damos, deberíamos hacerlo simplemente por el placer de dar. Dar por necesidad, o porque uno siente pena por el otro, o para expiar alguna culpa, solo nos conduce a depender de los demás. ¿Alguna vez te pasó regalarle algo a alguien y que esa persona ni siquiera te diera las gracias? Si damos esperando que nos agradezcan, nos resentiremos o nos frustraremos.

Ahora, cuando damos generosamente, solo por el placer de dar y sin esperar nada a cambio, no nos importa si hay un “gracias” o no. Dar de ese modo es una cualidad humana que brinda una sensación de contentamiento al dador.

2.      Cuando damos, deberíamos haber disfrutado primero de lo que compartimos con otro. Nadie puede dar lo que no tiene. Disfrutar de todo lo bueno que llega a nuestra vida nos impulsa a “envolver” aquello que compartimos con los demás con la alegría de haberlo disfrutado.

3.      Cuando damos, deberíamos dar específicamente lo que el otro necesita. Es una acción muy loable el dar al que lo necesita; pero necesitamos fijar ciertos límites y saber qué nos corresponde hacer y qué, no. Ayudar no significa hacernos cargo de las dificultades de los demás. Muchas veces cuando damos más de lo que alguien necesita, esa persona no reconoce nuestra ayuda, lo cual nos conduce a la frustración. En cambio, cuando damos lo que el otro necesita, esa persona lo valora y lo disfruta verdaderamente. Aquel que ayuda como quiere, en el fondo, no tiene la intención de ayudar sino de hacer lo que le agrada o mostrar su generosidad ante el mundo.

4.      Cuando damos, deberíamos ser conscientes de que la semilla que sembramos tiene un alcance ilimitado. Todos en algún momento, hemos ayudado a alguien a quien volvemos a encontrar con los años y nos cuenta que, gracias a esa ayuda, logró avanzar en la vida. Tal acción siempre brinda satisfacción interna al dador.

Pero todo el que da también necesita aprender a pedir. No pedir se trata de una conducta adolescente que demuestra que la persona siente omnipotencia. Algunas personas no saben pedir lo que precisan, o desean, ya sea que las amen, que les den un aumento, que las ayuden o que les enseñen. Se excusan que les da vergüenza o no quieren molestar, pero detrás de todo eso se esconde el sentir que todo lo pueden. Aunque parezca una paradoja, a aquel que le cuesta mucho pedirle algo a otra persona porque la ve como poderosa, es muy probable que se sienta (inconscientemente) mucho más importante que ella y no le pida para demostrar su superioridad.

Para resumir, en un extremo tenemos a aquellos que viven pidiendo porque tienen la creencia de que no son capaces de producir por ellos mismos. Y en el otro a aquellos que nunca piden porque creen ser omnipotentes. Una persona sana y equilibrada es la que da pero también pide, cuando su situación así demanda.

¿Y vos, en qué extremo estás?

Acerca de Bernardo Stamateas

adn-stamateas

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