#TragediaEnElMar “Si hubiesen llegado antes, Prefectura podría haber rescatado a más sobrevivientes”

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Testimonio exclusivo de un tripulante del pesquero María Liliana. Asegura que la fuerza demoró tres horas y media para llegar a la zona del naufragio del Repunte, en avión. Rescató a Guaymas y el cuerpo de Gaddi y no volvió hasta el día siguiente, como los guardacostas.

Por Roberto Garrone

Mientras pasan los días y continúa la búsqueda de los siete tripulantes desaparecidos tras el naufragio del Repunte, la historia del hundimiento suma actores y con ellos información adicional que ayuda a tener una mayor comprensión del caso.

El factoría María Liliana de la empresa Moscuzza tuvo una participación principal en el rescate de las víctimas. Fue el que recibió a las 9:20 de la mañana del sábado el aviso del capitán del Repunte sobre la emergencia y lo comunicó a Prefectura.

El congelador había pasado una noche movida. Pese a sus 56 metros, el temporal había complicado los planes en la línea de producción. A bordo sorprendía la presencia del Repunte todavía lejos de aguas más tranquilas.

Quince minutos después se repetía la llamada desde el fresquero, avisando que la situación era irreversible y abandonarían la embarcación hacia la balsa. Minutos después de las 9:35 de esa mañana Prefectura sabía de la situación de los 12 tripulantes del Repunte, en medio de un fuerte temporal con vientos de hasta 55 nudos y olas de hasta 7 metros.

Esa mañana el María Liliana estaba ingresando a aguas del Golfo San Jorge cuando recibió la primera llamada. El capitán, Rodolfo Muñoz, decidió regresar las 13 millas que lo separaban de la última posición del Repunte.

En viaje, con viento en contra y un mar cada vez más embravecido, se prolongó por casi 4 horas, de acuerdo a lo que contó uno de los 41 tripulantes del barco cuando desembarcaron. El capitán paró máquina y comenzó a tocar bocina unas millas antes, calculando que la corriente los habría trasladado.

El Prefecto Mayor Gustavo Campanini, jefe de Prefectura Mar del Plata, reconoció que el avión de Prefectura que salió de Comodoro Rivadavia hacia la zona del naufragio, sobrevoló el área tres horas y media después, alrededor de las 13.

El barco para hacer 20 kilómetros con viento en contra y el avión, para trasladarse menos de 70 kilómetros que lo separaban de la costa, tardaron casi el mismo tiempo. Muñoz reconoció que cuando llegaron al área divisaron el avión.

El helicóptero llegó después, pasada la una de la tarde. Para hacer el mismo recorrido. Por qué las aeronaves no salieron antes, ni bien recibieron el llamado de emergencia del María Liliana, y cuando las condiciones del tiempo todavía lo permitían.

“Hubieran llegado en 20 minutos, media hora y hubiesen podido rescatar a más tripulantes con vida o recuperar los cuerpos de los fallecidos”, lamenta el tripulante que se contactó con REVISTA PUERTO y pidió mantener en reserva su nombre.

La tripulación del María Liliana, la docena de marineros de cubierta, pusieron en riesgo su vida para intentar rescatar a los marineros que divisaron. Por la declaración de Muñoz ante la Prefectura en Rawson, se desprende que el primer cuerpo que divisaron fue el de Jorge Gaddi, el engrasador.

“No lo pudimos levantar. Era muy grande y no podía moverse. Tenía el chaleco salvavidas agarrado, no puesto. Intentamos tirarle cabos pero vino una ola y no lo pudo sostener. Intentamos tirándole otros cabos más gruesos pero no pudo agarrarlos”, revela el marinero que en cubierta debió socorrer al jefe de planta, que se había golpeado contra una escalera y se había abierto la frente.

El capitán del María Liliana divisó a Trillo unos metros más adelante y desde la cubierta intentan el mismo método de tirarle cabos para que se sujete. “Tampoco tenía el chaleco salvavidas puesto. Estaba de remera y calzoncillo. Si no fuera porque Marcelo se tiró, no lo salvamos”, reconoce.

Marcelo es Beguiristain, un tripulante que hace más de una década se embarca en el buque de Moscuzza. Se ató y bajó por la escalera para rescatarlo. Llevaba 4 horas aferrado a una tabla de madera. Este medio intentó ubicarlo, pero por respeto a las familias de las víctimas, avisó que prefería guardar silencio.

A bordo Trillo llega desvanecido, largaba espuma por la boca y con los músculos del cuerpo rígidos por la hipotermia. Descartan bañarlo en agua tibia como sugirió el enfermero del buque  y sugieren masajearlo con alcohol. En ese rol fue clave Favio Muñoz, un tripulante de Necochea, que conocía técnicas de reanimación.

Dos horas y media después de masajear a Trillo con trapos y toallas mojadas en alcohol, el marinero lucía otros colores. Como pudo, preguntó si todavía conservaba la medallita en el cuello. Un regalo de su esposa. Pidió que se la acercaran para poder darle un beso. Todavía no podía mover los brazos ni las manos.

“Dijo que siempre pataleó, que nunca dejó de mover los pies… que rezaba y pensaba en Thiago, su hijo”, contó el tripulante del María Liliana, que ya volvió a zona de pesca.

El helicóptero de Prefectura había rescatado a Guaymas y el cuerpo de Gaddi. Apenas habían pasado unos minutos de las dos de la tarde cuando desde el María Liliana no divisaron más ni al avión ni al helicóptero.

El pesquero siguió en la zona del naufragio navegando entre cuerpos flotando. Encontraron la balsa salvavidas vacía, aunque al principio, al ver los dos arcos de la estructura volcados hacia el interior del artefacto,  se esperanzaron en poder divisar a parte de la tripulación. Intentaron rescatarla con un grampín pero cuando la agarraron, se quedaron con la manija en la mano.

A las 6 de la tarde desde Prefectura le avisaron al María Liliana que los desafectaban de la búsqueda. Habían pasado 9 horas y todavía no había llegado ningún guardacostas a la zona del naufragio. Tampoco volvieron el avión ni el helicóptero. Recién lo hicieron al día siguiente. Junto a los guardacostas Prefecto Derbes, Río Paraná y Martín García.

“Vimos varios cuerpos flotando pero no podíamos hacer nada más. Me duele no haberlos podido traer”, dijo el capitán Muñoz, en declaraciones periodísticas.

Quizás nunca se sepan las causas que llevaron al hundimiento del Reepunte, si es que hubo una sola. Pero por qué Prefectura no estuvo a la altura, tampoco para rescatar a los náufragos cuando todavía se estaba a tiempo de salvar alguna otra vida, es una incógnita que debe tener respuesta.

Fuente: Revista Puerto

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