Responsabilidad Social Empresaria: hacer negocios basados en principios éticos y apegados a la ley

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La responsabilidad Social Empresaria (RSE) supone para la empresa (no el empresario) el desafío y la responsabilidad de asumir un rol ante la sociedad, ante el entorno en el cual opera.

 De acuerdo a la definición “de libro”, se puede calificar a una empresa socialmente responsable como a una compañía que es respetuosa de las personas, las comunidades, el medio ambiente y la sociedad en su conjunto. Que proyecta una reputación la cual le garantiza a su vez mayor sostenibilidad en el tiempo, reduciendo riesgos, anticipándose a situaciones que pueden afectarla, generando en el proceso mayor agilidad para reaccionar y adaptarse mientras construye cotidianamente la tan necesaria confianza, que a la larga es la llave para abrir la puerta de la licencia social, sin la cual difícilmente podría operar.

 No es casualidad que existan cada vez más compañías que buscan implementar su rumbo estratégico basándose en la RSE como baluarte, augurando que si logran cumplir adecuadamente con sus principios, los beneficios asociados no tardarán en llegar: mayor productividad, mejor acceso a los mercados (locales, regionales, nacionales e internacionales) y finalmente y no por ello menos importante: credibilidad. Esta concatenación de valores genera un círculo virtuoso que repercute, en cada ciclo, sobre el bienestar de las compañías y a la larga les da sostenibilidad.

 En Santa Cruz el fenómeno de la RSE no resulta ajeno a las distintas actividades económicas que coexisten en su territorio. Así con diversos resultados, transitan tímidamente por el escenario de la responsabilidad social empresaria, la actividad hidrocarburífera, la pesquera, la minera y la turística respectivamente. Obviamente existen otras variables impulsoras de la economía de nuestra provincia, pero entendiendo que de ellas depende mayormente el motor económico de Santa Cruz analizaremos sólo en las tres primeras.

Consideremos entonces las particularidades de cada una. En el caso de la actividad hidrocarburífera y partiendo de la base de que se trata de uno de los principales pilares de los cuales depende el estado provincial para sustentar su economía, con un promedio de ingresos de U$S 250 a 300 Millones al año, que  representan un 20 % del total de recaudación de toda la provincia. Aún así, estamos en condiciones de afirmar que los intentos de esta actividad económica por acercarse a la RSE de una manera adecuada han sido limitados y muchas veces se asemejan más a donaciones con ciertos rasgos de filantropía. Aquí haremos una primera parada para explicar en qué consiste este concepto. La filantropía puede definirse como la tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio, es decir una acción gratuita que consiste básicamente en donar especies o dinero a quienes lo necesitan y se destacan dentro de esta actividad la asistencia o la beneficencia.

Ahora bien, volviendo a la industria hidrocarburífera, decíamos al comienzo que sus esfuerzos por la aplicación de adecuadas políticas de RSE en su ámbito de desarrollo fueron pobres y nos basamos para ello en un sencillo pero lógico análisis. El inicio de la extracción petrolera de Santa Cruz se asocia a la puesta en marcha del primer pozo productivo (denominado 012) allá por 1944 en la concesión “Cañadón León – Meseta Espinosa”, sin embargo los indicios de aplicación de RSE, con disimiles resultados, por parte de las empresas petroleras datan de entre cinco y diez años atrás y ninguna, salvo la honrosa excepción de PAE con sus programas basados en educación y cultura, Salud, Desarrollo local, y medioambiente se destaca como exitoso. Está claro que menos de diez años contra más de setenta de actividad ininterrumpida indican que no es suficiente y que queda mucho camino por recorrer en este aspecto. Resulta paradójico que durante más de medio siglo de operaciones tamañas empresas hayan trabajado sin cuestionamientos ni acuerdos sociales establecidos. Por aquel entonces pareciera que las comunidades se contentaban con una falsa concepción de desarrollo económico regional como ocurrió sobre todo en el norte de nuestra provincia durante la década de los años noventa por ejemplo. En la actualidad el escenario es caótico y el sector se retrotrajo a estándares de 1986, con un bajo índice de perforación de nuevos pozos, no más de setenta por año y con una lucha sin cuartel contra las operadoras por el sostenimiento de los puestos de trabajo. Sintetizando, la falta de adecuadas políticas de RSE por parte de las empresas petroleras dejó a los habitantes de Santa Cruz un bajo índice de sustentabilidad a largo plazo, con una altísima desocupación y con el reclamo social como característica principal.

Respecto de la actividad pesquera en Santa Cruz y su relación con las políticas de RSE tampoco hallamos indicadores positivos en el transcurso de su desarrollo en la provincia. La industria pesquera en nuestra provincia inició con un tímido grupo de barcos en el año 1982 y una sola empresa pesquera en todo el territorio provincial y creció exponencialmente hasta alcanzar la importante cifra de más quince grandes compañías pesqueras y un alrededor de un centenar de buques destinados a la faena. No obstante y tal como ocurrió con la actividad hidrocarburífera esta industria tuvo su apogeo durante los años noventa y significó un importante recurso económico para Santa Cruz, aunque posteriormente las constantes diferencias entre los precios de mercado y la merma del recurso en los caladeros obró caprichosamente arrastrando a la actividad en su conjunto al borde de un abismo al cual finalmente cayó, allá por julio de 2007, cuando en Puerto Deseado, principal locación pesquera de Santa Cruz, se quemaron y destruyeron once plantas de procesos en el contexto de un tremendo estallido social que involucraba al SOMU y a la Agrupación de Marineros Santacruceños. A partir allí el principal motor económico de Puerto Deseado y uno de los principales ejes económicos de Santa Cruz sufrió una caída enorme del que todavía no ha logrado reponerse. En este caso, volviendo al tema de la RSE, hay que decir las cosas como son, y se puede definir como una nula participación en las comunidades. Más de treinta años de desarrollo de actividad, usufructuando recursos de la provincia, negocios millonarios y ¿Qué quedó en materia de salud, educación, medioambiente y desarrollo local de las ciudades? Nada, cero. El asistencialismo de las empresas pesqueras se limitó a donar algún que otro juego de camisetas para pequeños equipos locales y cuestiones por el estilo. Nuevamente la falta de gestion y la pasiva actitud de la comunidad permitió que con exigencia cero, las grandes multinacionales de la industria pesquera trabajen durante más de tres décadas con una “licencia social” tácita y libre de cuestionamientos, beneficio que aprovechan hasta hoy. 

Finalmente llegamos a la minería, cuyo protagonismo en los últimos años ha ido “in crescendo” en Santa Cruz y que si bien no tiene aún la edad de los anteriores ejemplos analizados se perfila, como un importante modelo de desarrollo económico dentro de todo el territorio provincial que reportó durante el año 2017 alrededor de 600 millones de pesos en regalías para la provincia. Todo esto sin mencionar los fondos aportados mediante el fideicomiso UNIRSE que se supone aporta al menos otros 300 millones más, destinados al desarrollo de políticas públicas para Santa Cruz, demás está decir que claramente el adn del programa UNIRSE es la responsabilidad social empresaria.

El espíritu de esta editorial busca un poco llamar a la reflexión, intentar que el lector razone y elabore sus propias conclusiones intentando superar la hipocresía que existe cuando se nombra a la minería considerándola siempre como mala palabra, como una actividad indigna y erosiva en todo el sentido del término mientras que nadie cuestiona los enormes pasivos ambientales y los desequilibrios sociales que traen aparejados la pesca y el petróleo, para mantenernos en el eje de este somero análisis. Resulta irónico para quienes consideramos a esta actividad como una legítima herramienta de desarrollo, obviamente cumpliendo con la legislación vigente y los adecuados controles, que existan tantas exigencias, tantos peros y tantos detractores, que basándose en el raso argumento de “se llevan todo y no dejan nada”, cuestionan la minería sin considerar siquiera los beneficios, sólo en materia de RSE, que las compañías vienen realizando en las localidades donde desarrollan sus proyectos, potenciando la salud, la educación, el deporte, la cultura, el desarrollo de proyectos e infraestructura, tal es el caso de Puerto San Julián, Perito Moreno, Gobernador Gregores y Puerto Deseado por citar algunas de las localidades a las cuales el desarrollo minero les significó una nueva oportunidad.    

Por supuesto esto no quiere decir que por el sólo hecho de que las otras actividades incumplan muchísimos requisitos se deba permitir que el desarrollo minero sea a cualquier costo, lejos estamos de eso, sencillamente buscamos echar algo de luz sobre una actividad sobre la que muchos hablan pero pocos conocen y que merece la oportunidad de crecer, de desarrollarse y de transformarse en el proceso en una enorme oportunidad para todos los santacruceños.

 Agencia de Noticias Mineras

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