CONSUMO EN LA CRISIS

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Economía sin precios: al no saber cuánto valdrá el dólar, empresas frenan entregas y algunas hasta venden con “facturación abierta”

Alimentos, construcción, automóviles y textiles, son algunos de los variados sectores para los que rigen recortes y suspensiones en las entregas


Desensillar hasta que aclare. Una vez más en la Argentina, esta premisa vuelve a imponerse en el empresariado, a partir de una economía en terapia intensiva y un dólar que parece indomable.

Así, comienzan a observarse recortes en la entrega de mercaderías, en algunos casos suspensiones, como también falta de precios de referencia en algunas prestaciones o servicios.

Esto se visualiza en un amplio abanico de actividades, desde alimenticias hasta materiales para la construcción, el sector manufacturero en general, la industria textil, concesionarios de autos y también en turismo. La frase “no vendemos porque no tenemos precios” atraviesa a una gran cantidad de rubros.

Que esta situación se profundice intranquiliza al macrismo, a economistas y a referentes de múltiples actividades. En una economía bimonetaria, si el dólar luce inquieto, todo el mundo se repliega y la recesión amenaza impiadosa.

“Las empresas apelaron a estrategias drásticas para cubrirse. Muchas decidieron directamente no efectuar transacciones. Es, si se quiere, un comportamiento esperable en una crisis de este tipo. La incertidumbre retroalimenta este comportamiento y de ahí que se sigan retirando las listas de precios”, afirma a iProfesional Gabriel Caamaño Gómez, socio director de la consultora Ledesma.

“Un dólar que no da certezas y luce inestable, impide establecer precios relativos y determinar costos de reposición. La determinación de los privados es no efectuar transacciones para así reducir riesgos. Otro inconveniente es que se desconoce por cuánto tiempo esto seguirá así”, completa.

Alimentos, con freno de mano puesto

El rubro alimentos es uno de los primeros que puso freno en su habitual operatoria comercial. A fines de la semana pasada, este panorama sumó dramatismo en toda la cadena.

Al día de hoy, hay mayoristas que no toman órdenes ni pedidos de las grandes cadenas de supermercados, al tiempo que importantes grupos frenan la provisión de mercadería.

Son varias las compañías que consultan a analistas e incluso a firmas colegas, para decidir qué medidas tomar.

La multinacional Unilever y Molinos Río de la Plata forman parte de una amplia lista que ha “topeado” la distribución de alimentos y productos de limpieza.

En este marco, representantes del supermercadismo, como Víctor Fera, dueño de Maxiconsumo, señalan: “Los proveedores suspendieron ventas al no saber cuánto valdrá el dólar mañana. Han perdido confianza en la economía”.

Este comportamiento es, a ojos de los consultores, otro aspecto que complica aún más el complejo estado de situación. Para el economista Orlando Ferreres, revertirlo requiere de decisiones políticas profundas que, hasta el momento, el macrismo no ha tomado.

“A nivel institucional, el Gobierno no hizo grandes modificaciones, ya que dejó a las mismas personas sólo que las reubicó en otros lugares. Fijó impuestos al agro y a la industria que complican a los sectores. Y así se va alejando una eventual mejora en el corto plazo”, señala a iProfesional.

La falta de una unidad de referencia -como lo es un tipo de cambio predecible-, es el principal argumento que exponen los privados para justificar los problemas que emergen en las cadenas de valor, con una moneda local que se tornó poco relevante a la hora de establecer precios.

“El dólar es la referencia en casi todas las cadenas productivas. No se pueden calcular presupuestos ni costos de reposición. Hay quienes igual están entregando sus productos, pero lo hacen con precio abierto hasta que el dólar se estabilice. Por supuesto que esto trae un riesgo financiero muy alto”, afirma a iProfesional Martín Alfie, economista jefe de Radar Consultora.

“Se necesita un plan económico integral. Si el tipo de cambio no es previsible, se seguirán complicando las cadenas. Lo que ocurre hoy no se resolverá en breve. Quedan varios capítulos más por transitar. Hay que ver cómo la economía real digiere semejante volatilidad”, señala el analista Caamaño Gómez.

Materiales para la construcción, sin guía

A la hora de ahondar en los sectores afectados por un dólar indomable, que ha trastocó los criterios de venta y diluyó parámetros de referencia, junto con el alimenticio aparece otro fundamental: la construcción.

Tanto en Capital Federal como en el interior comenzaron a multiplicarse los comercios del rubro que directamente frenaron la venta.

Desde Grupo Construya- que nuclea a los 11 principales proveedores de materiales del rubro- su titular, Pedro Brandi, reconoce a iProfesional que “buena parte de los empresarios interrumpió la comercialización hasta tanto se estabilice el precio del dólar”.

“Como están las cosas no se pueden realizar proyecciones ni determinar presupuestos. Desde la semana pasada varios comerciantes decidieron no dar precios. Como muchos insumos y materiales son importados, un dólar inestable impide establecer cifras finales para la venta. Eso lleva a reducir el volumen puesto a disposición del público”, especifica.

En el interior abundan los comerciantes que exponen el freno impuesto por los fabricantes y desarrolladores de insumos.

“Hay proveedores que nos dijeron que estaban suspendidas las ventas y otros que nos anticiparon que las nuevas listas de precios vendrán con incrementos del 6 al 8%”, asegura Guillermo Cabrera, representante de CAME en provincias como San Juan.

“Algunos comerciantes eligen no vender y otros no aceptamos pedidos grandes, salen los especuladores de siempre a comprar 300 bolsas de cemento o toneladas de hierro”, completa.

En Mendoza, en cambio, se volvió frecuente que negocios de materiales para la construcción que venden al público ahora entreguen remitos en lugar de facturas, demoren los presupuestos o directamente apelen a un tipo de cambio intermedio cuando la venta es imposible de postergar.

Automotriz, con freno de mano

Por el lado del rubro automotor, el billete verde volvió a traer el fantasma del desabastecimiento y sumó incertidumbre en la comercialización de 0km.

Si bien las terminales tienen los depósitos llenos (lo que trae aparejado un alto costo que es preferible evitar), varias marcas prefieren no cerrar ventas.

Con un dólar que en apenas una semana pasó de 30 a casi 40 pesos, las cotizaciones de los vehículos no detienen su escalada alcista, por el alto componente importado.

Esto sucede tanto en los fabricados en Mercosur como en aquellos producidos en las terminales locales, que cuentan con un 70% de insumos y equipamiento del exterior.

Tal como aseguran a iProfesional desde un reconocido punto de venta, hoy muchos concesionarios evitan “abrochar” operaciones y sólo dan por concluidas aquellas que ya venían avanzadas.

Es decir, han mantenido sus puertas abiertas y atendido a potenciales clientes, pero resignaron facturación.

Vender un auto en medio de un clima tan enrarecido no les conviene a las marcas, y aunque muchos especialistas salieron a decir que es un buen momento para comprar un 0km, fueron muy pocos los que lograron hacer el “negocio”.

Desde la semana pasada, varias fábricas carecen de listas para sus insumos, lo que redunda en la quita de productos en el mercado, ante el temor que les genera el enfrentarse luego a un costo de reposición mayor.

Los industriales refieren que la crisis cambiaria ha dejado a la producción manufacturera en situación crítica. “No sabemos cuál es el precio de los productos. Así no se puede ni vender ni comprar”, declara un empresario del plástico.

Según señalan fuentes del segmento, los fabricantes tienen pendientes por cobrar millones de pesos en artículos vendidos con un dólar a menos de $30 y en plazos de deuda a saldar a 90 días.

Bajo este escenario, que los lleva a afrontar fuertes pérdidas financieras, advierten que sólo sacarán productos a la calle con pago al contado.

Pedro Cascales, secretario de CARMAHE, cámara que nuclea a fabricantes de herramientas y tecnologías para la producción industrial, indica: “En estos días está todo frenado”.

Además, remarca que “no se están realizando operaciones ni reponiendo insumos. Las firmas que exportan tampoco están liquidando, al no saber claramente a qué precio estará la divisa”.

En cuanto al rubro textil, continúa prevaleciendo entre los proveedores y comerciantes el pago en dólares cash y contra entrega. En tanto, hay quienes abastecen de indumentaria que pusieron un fuerte freno de mano en el aprovisionamiento.

Los fabricantes de prendas de vestir observan que ante estas dificultades, “quien tenía stock de materias primas sigue trabajando, aunque no sabe a qué precios deberá reponerlas ni tampoco a qué valores vender”.

“Muchos de los que estamos en actividad sabemos que vamos a operar a pérdida durante varios meses, ya que no hay forma de trasladar el alza de nuestros costos al precio final”, declara un dirigente del sector.

La crisis cambiaria también puso en alerta a las agencias de turismo, por la imposibilidad de determinar los valores de los paquetes al exterior. En el marco de una divisa inestable, el mercado tomó recaudos.

Muchas agencias mayoristas suspendieron los cobros con tarjeta de crédito a minoristas, porque desconocen a qué tipo de cambio deben cerrar las operaciones.

En este contexto, el mercado aceleró la promoción de destinos económicos en dólares como Dubai, Turquía, Marruecos, Tailandia o Colombia.

Un aspecto que tiene en vilo a las agencias de viaje es la posibilidad de que el Gobierno imponga finalmente impuestos al turismo emisivo como una manera de acotar la fuga de dólares.

En una economía bimonetaria como la argentina, la falta de un dólar estable no sólo alienta el “efecto canuto” y las especulaciones. También deja sin una referencia clara para fijar precios a toda la cadena de valor. Con las consecuencias que ya están a la vista.

Fuente: Iprofesional

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